Tengo un terrible secreto. Ya no soy Freelance. Encontré un trabajo tiempo completo y llevo una doble vida.

Estoy escribiendo esto a las 11:51 pm del miércoles, aunque el contenido de este post lo tengo rondando en la cabeza desde hace cuatro meses. Son días exactos porque es el tiempo que ha pasado desde que comencé a trabajar. Full time. En una oficina, como diseñadora de interiores. Luego de varias jornadas de trabajo de 14 horas diarias entendí que estaba llevando una doble vida: horario de oficina hasta las 7 pm y luego trabajo freelance hasta la 1 am.

Por un momento me sentí muy dudosa de hacer esta entrada, considerando que en la mayoría de mi blog hablo sobre la rutina, los pros y contras de trabajar por tu cuenta y muchas otras cosas más sobre trabajar como ilustradora freelance como si mi vida dependiera de ello (o como si fuese una predicadora). Ahora, me encuentro en una encrucijada , en la cual me metí yo solita, en búsqueda de la estabilidad en un país nuevo y aferrándome a costumbres que me ayudan a mantener mi salud mental. Una de ella es tener mi agenda llena de proyectos, encargos y cosas que hacer. Ahora, me ocupa la mente también realizar un sin fin de actividades durante el día en mi nuevo trabajo.

No les voy a mentir, me costó en medida extrema entender que debía trabajar a tiempo completo en “otra cosa” de momento. Y digo “entender” porque una parte de mi estaba siendo testaruda, muy cómoda al estar casi dos años trabajando bajo mis propias reglas y horarios. Las cosas han cambiado, pero me ha ayudado muchísimo asumir que es algo temporal y por mi bien. He ejercitado mi músculo del agradecimiento, además de ejercer y poner en práctica conocimientos para cosas que pensaba no ser particularmente buena o no tenía la seguridad para hacerlos. Ahora lo hago con mucho entusiasmo y asumiendo cada día como un reto que me lleva más cerca de donde quiero estar.

La doble vida, también sinónimo de estar siempre ocupada, es un estado mental que quiero que sea temporal y me permita amasar estabilidad hasta que pueda hacer un piso y volver a mi “rutina”. De pronto esto se convierta en un escalón dentro de muchos otros pasos que deba tomar, o quizás esté poco o mucho tiempo en este trabajo. Lo que sí es seguro es que no quiero que me aleje de las cosas que más disfruto hacer: crear para mi, desarrollar contenido para mis redes e indudablemente participar en proyectos maravillosos con mis clientes.

Cosas que he aprendido trabajando Freelance.

Orgánicamente o a los golpes.

  • Optimizar mis tiempos de trabajo. Saber realmente cuánto me lleva hacer x cosa. Esto mismo me ayudó a no negociar estos tiempos. Con mis clientes de siempre, hablé con ellos sobre la situación y les hice saber de mis nuevos horarios. Por suerte son muy comprensivos, pero siento que la clave de todo esto es una buena comunicación y sinceridad en cuanto a lo que te tardas haciendo algo. Si ya los tienes enganchados con tu trabajo de calidad, no debería haber problema si quieres esmerarte en mantenerla.
  • Comprender lo anterior me ha llevado a modificar los precios de mis servicios, tomando en cuenta tener menos trabajo, pero mejor pagado. Las horas de sueño que estoy sacrificando se pagan como un feriado, jaja.
  • Revisar mi disponibilidad con mayor cautela y poner un máximo de entregas por semana que pueda cumplir. Si tengo más de dos entregas por día, claramente estoy haciendo algo mal.
  • Seguir respetando los domingos sin trabajo, porque sino me vuelvo loca. Por lo general lo que hago es tener un plan fuera de casa y no tocar la laptop.
  • Descansar lejos de un monitor (esto es un work in progress).  Estoy constantemente frente a una pantalla: en mi trabajo, cuando llego a casa y justo antes de dormir con mi celular. Quiero cambiar esto… a la larga esta afectando mi visión y mi patrón de sueño.
  • Puedo trabajar en cualquier lado. Al llegar a Buenos Aires extrañaba hasta la silla incomoda que utilizaba para trabajar y mis post its. Ahora soy capaz de trabajar en una mesa de comedor, en una cama, en un café, plaza. Lo que sea, mientras tenga Wi-Fi.

No tengo nada de qué avergonzarme, pero llevé este estilo de vida por más de tres años mientras trabajaba como Coordinadora de Diseño en una oficina de arquitectura. Poco a poco comencé a hacer mi cartera de clientes y fue allí donde pude tomar la difícil decisión de lanzarme al mundo freelance. Al principio pensé que no iba a ser para mi, o no lo iba a lograr, pero todo fluyó solo y pude estar dos años haciendo lo que quería. Por momentos pienso que esto pueda ser un paso atrás, pero luego me detengo: ya lo he hecho antes, y ahora toca de nuevo. Estoy agradecida con todos los clientes que se vinieron conmigo a Buenos Aires, y los nuevos que están llegando.

Esta ciudad ha sido muy buena conmigo y me ha dado oportunidades geniales para mostrar lo que hago como Ilustradora Freelance. Acompañada de nuevas amistades increíblemente talentosas, me estoy sintiendo más cómoda en mis propia piel con lo que quiero hacer el resto de mi vida.

Seguiremos informado por acá.

Gracias por leerme.

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Escrito por:Fabiana Parra

Soy una comunicadora visual venezolana con amor hacia las flores y una manía por dibujarlo todo. Me gusta escribir sobre la creatividad, el café y documentar mis experiencias desarrollando proyectos de ilustración.

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